Entrar por los ojos

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Muchas veces, cuando oímos la palabra “creatividad” en publicidad, en seguida nuestra mente vuela a aquel spot tan chulo de Coca-Cola, o aquella gráfica que tanta gracia nos hizo de Diesel, o aquella campaña de street marketing de Axe.

Y todo eso está fenomenal, pero al fin y al cabo no dejamos de pensar en acciones que se lanzan al oceano de los consumidores “a ver si pican”. Es decir, tiras una lombricita enganchada a un pequeño anzuelo e intentas que caiga en la zona que más peces haya, “a ver si hay suerte”. Si el cebo es muy apetitoso, es decir, si la creatividad es magnífica, probablemente llamemos la atención de mucha gente y alguno de ellos (una pequeña minoría) acabe “picando”. Pero no deja de ser un tiro al azar, con una dirección más o menos intencional, pero al azar al fin y al cabo.

Sin embargo, hay parcelas del universo publicitario en las que, pese a estar llenas de suculentos peces y haber menos gente pescando en su orilla, no se suele colocar el cebo más atractivo. Sí, de vez en cuando alguien tira la caña con los restos “a ver que pasa”, pero no se le presta demasiada atención. Y deberíamos.

Es el caso de la papelería corporativa, la imagen de las marcas y empresas en sus sobres, cartas, documentos, soportes electrónicos… en el 99% de los casos nos conformamos con poner un par de colores afines a nuestra imagen corporativa y el logo bien grande por algún sitio, que quede mono y estéticamente bien colocada cada cosa, y a tirar millas.

Pero hay marcas que no se conforman con eso y van más allá. Marcas que entienden que su papelería es su imagen, es el traje que se ponen para hablar con los clientes y que no basta con un traje de diario de saldo, sino que hay que llevar las mejores galas posibles. Y así lo hacen.

Es el caso de Calle 13, una cadena de televisión que siempre que hace algo en esto de la comunicación publicitaria, nos deja con la boca abierta. Y es porque no se suele conformar y siempre va más allá, logrando impactar y asombrar a aquellos que son tocados por su terrorífico mensaje. Les hemos visto en muchos territorios diferentes. En este caso, con su papelería, a mí me han convencido. ¿Y a vosotros?

Visto en Fubiz.

Desmontando mentiras

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Vivimos en un mundo sobresaturado de información. La popularización de Internet ha provocado que la información, ese bien tan preciado por lo escaso antaño, se ha democratizado. Ahora todo el mundo tiene acceso a muchísima, mucha más de la que una persona puede realmente procesar y asimilar. Hemos pasado de no tenerla a no saber qué hacer con ella y eso la ha devaluado a límites insospechados hace unos años. Cuando en “El Color de la Magia” el Patricio le pregunta a Rincewind qué haría si pudiera ir al Continente Contrapeso y este piensa en traerse montones de oro el dirigente le dice que eso sería la muerte de su sistema de vida. Un tipo inteligente el Patricio. El exceso de un bien es casi más perjudicial que su escasez porque muchos sistemas están basados precisamente en el intercambio y el acaparamiento de ese bien escaso. Si se devalúa el sistema se tambalea y con la información pasa exactamente lo mismo. Hoy en día una persona con intereses intelectuales pasa muchas horas delante de un monitor intentando asimilar noticias y conocimientos que le llegan, algo impensable anteriormente. Yo mismo este suscrito a tantos feeds que el día que no estoy en casa se me acumulan del orden de 300 post por leer. Es evidente que muchos sólo los ojeo, otros los descarto sin más y otros son leídos pero no asimilados. Esto es importante. Leemos tanto a diario que estamos perdiendo capacidad crítica por la simple saturación de mensajes que recibimos. Por eso a veces se nos cuelan cosas que, a priori, un tipo inteligente debería cribar al leer las primeras lineas. Y estoy hablando de gente intelegente, culta, leída y preocupada por formarse una opinión. Ahora hagámoslo extensivo a gente que carece de estas características pero que, aún así, se pasa la vida en Internet. Acabamos de crear el caldo de cultivo ideal para los Hoaxes. Los Hoaxes son un fenómeno que no es nuevo, de toda la vida ha habido rumores maliciosos y malintencionados pero Internet ha dado una nueva dimensión a estos haciendolos muy fáciles de extender. Hoy me invento un rumor sobre Ricky Martin y mañana es portada del noticiario de Antena 3 (lo cual me lleva a pensar sobre la ética periodística, pero ese es otro tema).

Que mala es la fama
Que mala es la fama

Hace unos años se me ocurrió hacer un estudio de campo sobre esto, antes de que Internet fuera algo que todo el mundo tiene en casa. En el bar donde trabajaba le dije a 2-3 clientes una historia inventada con un componente morboso desagradable y comprobé cuánto tardaba en volverme y qué camino seguía. Debo decir que me resultó sorprendente que la historia volvió a mí (ligeramente modificada, cómo no) al cabo de sólo 10 horas, ese mismo día. Intenté rastrear el origen pero me fue imposible, no había relación de 1 ó 2 grados entre las personas que obtuvieron el rumor original y la persona que me lo devolvió por lo que deduzco que una información irrelevante pero con componente de interés escabroso recorrió no menos de 3 grados de separación en menos de 10 horas. Es espectacular dado que esta noticia no era contrastable, no tenía base y era, cuanto menos, bastante inverosímil. No imposible, pero sí complicada estadísticamente. Nadie me cuestionó el origen, ni puso en duda la veracidad, se lo tragaron tal cual y me lo devolvieron con pocos, aunque jugosos, cambios. Dice mucho del ser humano, sin duda. Añadamos el factor tiempo, que ahora se ha disuelto reduciéndose a la mínima expresión y el factor saturación y tenemos un montón de información falsa, falseada o tendenciosa que se está propagando de forma instantánea por todo el planeta. Terrible, a mi parecer. Y lo triste es que ahora disponemos de herramientas para desacreditar dichas informaciones que antes no teníamos, al alcance de un par de clicks. Pero nadie hace uso de ellas o, más bien, poca gente por lo que la bola se hace cada vez más grande, llegando incluso a los medios tradicionales como antes he dicho.

Crunchy!
Crunchy

Hotmail cierraGabriel García Márquez se muere (y escribe poemas terribles y empalagosos en su lecho de muerte). El E-330 es cancerígeno. En Taiwan comen fetos muertos. Mentiras. Y gordas. Seguramente malintencionadas o propagadas con la finalidad de recoger direcciones de correo para poder seguir enviando spam alargapenes a las cuentas de correo de todo el mundo, no sólo de los ignorantes, sino de todos. Pongamos fin a esto, seamos críticos con la información que nos llega.

¿Morirá la televisión?

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Sálvame...de él!!La televisión tal y como la conocíamos, se muere. Va a fallecer víctima de sus abusos y sus incorrecciones, de su olvido por el pasado, de sus excesos. Excesos de publicidad, llenando bloques de veintitantos minutos con anuncios monolécticos que ya no interesan a nadie. Abusos de la telebasura, de la “fast food” televisiva, diarreas mediáticas guiadas por presentadores-divas fáciles de odiar. Olvido de dos de sus labores, la de informar y la de formar, pues la información que venden ya está pagada por oscuros intereses ajenos al común y la formación hace tiempo que se ha extinguidos de los canales de máxima audiencia.

Donde antes había un “1, 2, 3” que reunía a las familias ahora hay un “Sálvame” que las separa. Donde antes había un Félix Rodríguez de la Fuente enseñando a los niños los principales valores humanos ahora hay un Jordi Hurtado haciendo gala de todo lo opuesto. Heidi ha sido aniquilada por Pokemon, y series animadas como Ruy el pequeño Cid, Quijote y Sancho o Érase una vez el hombre se han perdido dejando la educación infantil a las Supernenas. De mal en peor.

La televisión pierde fuelle por lo mismo que pierde ventas la industria discográfica: por no hablar el idioma del público. Nadie quiere planificar su vida alrededor de una parrilla de televisión, quieren imponer su propio palimpsesto adaptado a sus horarios. Si quieren ver House se lo bajan, lo ven cuando les da la gana, lo pausan si es necesario y en el momento en que lo sea, y además no tienen que esperar meses o años a que una cadena de turno decida incluirlo en su programación de madrugada y cancelarla a las tres semanas.

Los megadirectivos de las cadenas de televisión se han preocupado tanto de luchar unos contra otros por los ansiados puntos de audiencia, que se han olvidado del consumidor de su producto, el espectador de sus programas. Y este espectador, harto de que le ignoren, se busca la vida.

Telebasura viendo mierd...Pronostico por tanto dos posibles futuros: el primero vería una muerte lenta del medio televisivo, anclado en el pasado y en el egocentrismo, agarrado a un público fiel pero cada vez menor y de más edad, y por tanto finito y con fecha de caducidad. El segundo, que anticipo pienso es el mas probable, contempla una televisión que se fusiona con el otro medio audiovisual por excelencia, Internet, y adapta sus contenidos y producciones al ritmo de su verdadero dueño, la audiencia, que por fin podría tener la programación que desea y tanto tiempo lleva mereciéndose.

Sólo de esta forma podría el medio convencional por excelencia hacer frente a los poderosos medios no convencionales, que menos saturados y más flexibles,  empáticos y directos, vienen pisando fuerte y amenazan con aplastarle. Al fin y al cabo, es la televisión quien sigue teniendo la llave para producir los mejores contenidos (HBO siempre será HBO, claro que también es posible que Telecinco siempre sea Telecinco…), los más demandados y los más idolatrados (el fútbol, las series y el cine, aunque este dependa de otro medio en primera instancia). Sólo tiene que aprender, de una vez por todas, a ofrecerlos en una caja acorde con la calidad de su contenido.

Veremos.