Un granito de arena en el desierto es una expresión que se utiliza para designar algo insignificante, incapaz de cambiar nada, inútil y perdido en el inmenso mundo. Pero, ¿qué pasa cuando sopla el aire y miles de estos granitos se ponen a volar y a viajar juntos?

Las tormentas de arena son un fenómeno que siempre me ha fascinado. Recuerdo esa escena en Océanos de Fuego, con Viggo Mortensen escapando a caballo de aquella inmensa tormenta de arena capaz de devorar un trasatlántico, y se me ponen los pelos de punta.

Quien haya vivido un día de viento fuerte en una zona de playa sabrá lo desagradable y difícil que es caminar o salir a la calle cuando el viento sopla y la arena vuela con fuerza contra nosotros. En las tormentas de arena que tienen lugar en los grandes desiertos de nuestro planeta, las partículas de polvo pueden ser desplazadas a lo largo de miles y miles de kilómetros.

De hecho, se considera que las tormentas de arena del Sahara favorecen el crecimiento del plancton en la parte occidental del Atlántico, y componen una importante fuente de minerales necesarios para la vegetación amazónica. Incluso se considera que mediante estas tormentas se ha llegado a desplazar polvo desde el Sahara hasta Groenlandia.

Os dejo con un vídeo en el que se ve a unos australianos metiéndose dentro de la tormenta de arena con su coche (en plan Twister) y es todo un espectáculo, tanto desde fuera como desde dentro. También una foto, recientemente publicada por la NASA, de una tormenta en la parte oriental de áfrica que cruza, literalmente, el Mar Rojo, como si del mismísimo Moisés se tratara.

En definitiva, una maravilla más para el ojo humano y una demostración del poder y la fuerza de la madre naturaleza en nuestro planeta, que nos hace, o a mi por lo menos, sentir pequeñitos ante su todopoderosa actividad.

Tanto el enlace como la fotografía las he descubierto gracias a ALT1040, un blog que merece la pena seguir si eres un poquito geek… como yo 😉