Caminante no hay camino…

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Después de un día sabático tomado ayer por ser mi cumple, vuelvo hoy con un post ligerito pero apasionante, o al menos para mí lo es.

Confieso que, siendo viajar una de mis grandes pasiones, no soporto volar. Me parece el peor de todos los medios de transporte, y, dejando a un lado mi pánico al vuelo en sí, creo que va en contra de todo lo que signifique viajar: descubrir nuevos sitios, disfrutar del trayecto y no solo del destino, etc… Me resulta incómodo, caro y pesado, muy pesado.

Si me dieran a elegir, elegiría el tren, por puntualidad, comodidad (te deja siempre bien conectado y en plena ciudad) y porque vas disfrutando del paisaje todo el trayecto, que es para mí lo más importante. Esto es algo que también me ofrece el coche, y por eso soy igualmente un gran aficionado a explorar esas carreteras secundarias que han quedado olvidadas en el tiempo por la irrupción de las grandes autopistas, y que sin embargo han crecido en encanto y belleza.

En este post os dejo una recopilación, sacada de la red Matador, de las carreteras más espectaculares del mundo. Por si sois de esos a los que, como a mí, les importa tanto el trayecto como el destino.

Podéis ver más fotografías aquí.

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Por el fin de la ceguera social

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Hoy es viernes y los viernes solemos publicar un post más animado o entretenido, que invite a la fiesta o a la dispersión social, y que celebre con nosotros el fin de semana.

Sin embargo, un blog, además de entretener o informar, sirve para que su autor o autores expresen su opinión o sus sentimientos acerca de temas serios o de actualidad y puedan así compartirlos con sus lectores. El tema que quiero tratar hoy es serio, es triste y es muy preocupante. Quizá muchos de vosotros no queráis que os den la lata con problemas el primer fin de semana de agosto, y sólo queráis que os hablen de veranito, de las temperaturas y de los sitios de vacaciones más exóticos. Lo entiendo y si es así, desde este punto podéis marcharos, porque ya habéis leído bastante.

Pero yo no puedo obviar lo que he visto, me resulta imposible hacer la vista gorda ante un problema cada vez más frecuente en nuestra sociedad: los malos tratos, generalmente de los hombres hacia las mujeres. Sigo sin entender como un animal, un demonio que más merecería arder en el infierno que levantarse por las mañanas, puede golpear hasta la muerte a su pareja (o ex-pareja) y que no haya forma de evitarlo, de frenarlo, o de reducirlo. Creo que todos los que integramos la sociedad tenemos el deber de acabar con este mal que ningún gobierno es capaz de paliar, y además creo que entre todos podríamos hacerlo.

No me trago que alguien que es un maltratador nato, y pone a su mujer morada todas las semanas hasta que la acaba matando, pase desapercibido y nadie se de cuenta de esto. Hay marcas, gritos, llantos, estados de ánimo. Se siente en el aire. Pero preferimos no meternos, no es problema nuestro, “no vaya a ser”. Leí hace poco en un libro que un tipo mató a una chica delante de 27 testigos y nadie movió un músculo para ayudarla. Y entre que la mataba o no, tardó media hora en hacerlo. Delante de 27 personas, en media hora, y nadie hizo nada. ¿Qué carajo nos pasa?

Bueno, el caso es que navegando ayer por la red me encontré este vídeo, que quisiera compartir con vosotros. Es un experimento social realizado en Sudáfrica por la agencia de publicidad Ogilvy de Ciudad del Cabo, para la organización POWA (People Oposing Women Abuse). No os voy a describir el contenido del vídeo porque creo que es mejor que lo veáis vosotros mismos, pero sí os diré que los resultados, o las conclusiones, son muy alarmantes y que es posible que os cabreéis bastante. Así que si preferís dejarlo para el lunes…

De cualquier modo, buen fin de semana. Y si esto ha servido para remover alguna concienca y ser un poquito menos ciegos a partir de hoy… mejor que mejor.

La playa más ruidosa del mundo

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Aunque es un sitio maravilloso para practicar el “spotting”, lo cierto es que la playa de Maho Beach no es la más adecuada si lo que buscas es relax y dormir la siesta escuchando el calmado sonido de las olas de mar de fondo.

Es posible que sí fuera un lugar ideal para relajarse si no estuviera pegada a la pista de aterrizaje (y despegue) del Aeropuerto Internacional Princesa Juliana, lo que provoca que los aviones pasen a escasos 25 metros de los bañistas cuando despegan y aterrizan. De hecho, aviones grandes como el 747 necesitan la totalidad de la pista para frenar, por lo que están obligados a tocar tierra prácticamente a metros de la playa.

Pese a que el gobierno de la isla de San Martín advierte del peligro de ser succionado por una turbina si se encuentra uno muy cerca de los aparatos en movimiento, la playa es un verdadero espectáculo y es de los pocos lugares del mundo en el que a uno le puede despegar o aterrizar un avión en las narices 😉

Visto en: This blog rules vía @javiercerezo.