Hace unos años escribí un post en un blog en el que colaboraba señalando el (evidente) paralelismo entre el Mito de la caverna y Matrix, la película. Creo que no descubrí nada nuevo para la mayoría, es obvio que es una de las inspiraciones de la película, pero no está demás que le echéis un vistazo para refrescar. Aquí os espero.

Welcome to Matrix, leave all you rights behind

Bien, retomemos el tema. Hace unos días tuve una epifanía, un sueño producto de una siesta demasiado larga, con demasiado calor y después de haber comido demasiado en el que me daba cuenta de que nuestra realidad, esa que todos creemos conocer, era una muy diferente. Soñé que estaba dentro de Matrix, pero no la de la película, tan reconocible y molona, sino que simplemente era consciente, de repente, de que lo que estaba viviendo, mi vida normal y corriente no era esencialmente REAL. Me explico. No creo que seamos pilas humanas para un ejército de máquinas que conquistaron el mundo hace siglos y nos tienen en letargo suspendidos de enormes pilones de donde extraen nuestra energía. No exactamente. Creía, y me empiezo a dar cuenta de que quizá es incluso verdad, que éramos esclavos de una maquinaría financiera diseñada para sacarnos todo lo que tenemos. Que habían secuestrado nuestra vista (no vemos la realidad, sino lo que los medios, al servicio de dicho entramado financiero, nos dejan ver), nuestra voluntad (no podemos romper la baraja y dejar de jugar, está diseñado de tal manera que los engranajes de este modelo te volverán a meter en tu jaula invisible para que sigas produciendo), y nuestra libertad (sustituyéndola por una cosa que se le parece pero que no es lo mismo ni por asomo). ¿Hasta qué punto deja de ser cierta esta revelación en forma de indigestión post-prandial? Creo que no lo es. Es bien cierta. Hemos sido secuestrados y puestos en una falsa ilusión de democracia, de realidad, de libertad en la cual nuestros deseos, nuestras esperanzas y nuestras ambiciones son sistemáticamente cortadas, mutiladas, cribadas. No conozco a nadie que sea realmente dueño de su destino, todos estamos coaccionados de mil y una maneras para seguir dentro de ese engranaje en el que todo lo que haces, todo lo que hacemos la mayoría, va a parar al bolsillo de unos pocos. Ya no hay gobiernos reales, sólo pantomimas de elecciones a las que se presentan los mismos de siempre pagados por ese capital, ya no hay posibilidad de salirse de la norma, todo el mundo paga sus impuestos le guste o no, sea justo o no, ya ni siquiera somos capaces de soñar con la verdadera libertad, la de hacer lo que realmente quieres hacer, porque NUNCA LO HEMOS VIVIDO.

Ciegos, sordos e inermes

El miedo, la coacción, la educación orientada a la canalización de las cosas importantes y la sublimación de lo insustancial, la creación de falsas necesidades… todo nos ha llevado a ser una sociedad sin esperanzas, una sociedad en la que poder tener un trabajo (ya ni siquiera que te guste) es un máxima, un ideal. DARLE TU TIEMPO A OTRAS PERSONAS PARA QUE SE ENRIQUEZCAN CON TU ESFUERZO NOS PARECE DESEABLE. Y normal. Y cotidiano. A este punto hemos llegado. A que eso nos parezca normal. Han desarrollado tan bien el sistema que no nos parece mal que haya gente enriqueciéndose exponencialmente mientras otra parte del mundo muere de hambre y subdesarrollo. Pues no me parece correcto. Sé que hay muchos liberales que me pondrán a caer de un burro por lo que he dicho pero la verdad es que no me importa. No me parece bien que haya una sola persona en el mundo a la que se le permita ganar un euro de más mientras haya otra que no tenga qué llevarse a la boca. Creo que deberíamos reclamar ese derecho universal a costa de lo que sea. A costa de nuestro supuesto Estado del Bienestar, a costa de nuestros coches, de nuestras vacaciones, a costa de lo que haga falta. Que obliguemos a nuestros captores a empezar de nuevo, colapsarlo todo, quemarlo todo para empezar de nuevo porque este mundo está podrido ya y nada de lo que se haga sobre él logrará cambiarlo. Debe ser purgado con fuego e ira.

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