Anton Tang siempre miró el mundo con los ojos de un niño. ¿Quién no se ha puesto nunca una caja en la cabeza y ha fingido ser un robot o un astronauta?

Ahora, esos personajes que imaginábamos cuando éramos pequeños, cobran vida y nos muestran un universo real de muñequitos hechos con cajas de cartón.

Seguro que todos ellos estaban esperando a que alguien les inyectara esa dosis de vida que tanto necesitaban.

Al margen de la original idea, hay que recalcar que la producción es impecable. Las fotografías son buenísimas técnicamente, y siempre tenemos la impresión de que los personajes tienen el tamaño real de una persona, por la profundidad de campo y los ángulos elegidos para el encuadre.

¿No son adorables? Ains… 😉

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