Héroes de toda la vida

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Navegando por la red me he encontrado con la obra de Andreas Preis, un diseñador que utiliza las texturas y las formas geométricas para crear inulstraciones de personajes ficticios que todos conocemos.

Me ha llamado especialmente la atención su serie sobre héroes de nuestra infancia, esos personajes que todos tendremos siempre grabados en la memoria porque con sus aventuras nos hicieron soñar delante de la pantalla. Andreas Prei realiza retratos de personajes tan carismáticos como Michael Knight (el famoso “hombre que no existe en un mundo lleno de peligros”) o el maestro Miyagui, con sus célebres frases de la pequeña y gran pantalla. Seguro que a todos os entra nostalgia de vuestros tiempos mozos… 😉

Os las dejo aquí para que las disfrutéis, podéis ver más de su obra en su web.

Nuevas temporadas: House

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El 20 de septiembre vuelve a la carga la serie House, una de mis favoritas y cuyo final de la pasada temporada me pareció apoteósico. Van soltando pildoritas de lo que será esta séptima temporada del doctor más crudo de la tele, y los carteles promocionales dejan bastante claro por donde va a ir el hilo este año próximo…

Por cierto, los pósters me parecen una pasada en cuanto a fotografía. Como siempre, no decepcionan.

Visto en Designlenta.

Entrar por los ojos

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Muchas veces, cuando oímos la palabra “creatividad” en publicidad, en seguida nuestra mente vuela a aquel spot tan chulo de Coca-Cola, o aquella gráfica que tanta gracia nos hizo de Diesel, o aquella campaña de street marketing de Axe.

Y todo eso está fenomenal, pero al fin y al cabo no dejamos de pensar en acciones que se lanzan al oceano de los consumidores “a ver si pican”. Es decir, tiras una lombricita enganchada a un pequeño anzuelo e intentas que caiga en la zona que más peces haya, “a ver si hay suerte”. Si el cebo es muy apetitoso, es decir, si la creatividad es magnífica, probablemente llamemos la atención de mucha gente y alguno de ellos (una pequeña minoría) acabe “picando”. Pero no deja de ser un tiro al azar, con una dirección más o menos intencional, pero al azar al fin y al cabo.

Sin embargo, hay parcelas del universo publicitario en las que, pese a estar llenas de suculentos peces y haber menos gente pescando en su orilla, no se suele colocar el cebo más atractivo. Sí, de vez en cuando alguien tira la caña con los restos “a ver que pasa”, pero no se le presta demasiada atención. Y deberíamos.

Es el caso de la papelería corporativa, la imagen de las marcas y empresas en sus sobres, cartas, documentos, soportes electrónicos… en el 99% de los casos nos conformamos con poner un par de colores afines a nuestra imagen corporativa y el logo bien grande por algún sitio, que quede mono y estéticamente bien colocada cada cosa, y a tirar millas.

Pero hay marcas que no se conforman con eso y van más allá. Marcas que entienden que su papelería es su imagen, es el traje que se ponen para hablar con los clientes y que no basta con un traje de diario de saldo, sino que hay que llevar las mejores galas posibles. Y así lo hacen.

Es el caso de Calle 13, una cadena de televisión que siempre que hace algo en esto de la comunicación publicitaria, nos deja con la boca abierta. Y es porque no se suele conformar y siempre va más allá, logrando impactar y asombrar a aquellos que son tocados por su terrorífico mensaje. Les hemos visto en muchos territorios diferentes. En este caso, con su papelería, a mí me han convencido. ¿Y a vosotros?

Visto en Fubiz.

¿Morirá la televisión?

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Sálvame...de él!!La televisión tal y como la conocíamos, se muere. Va a fallecer víctima de sus abusos y sus incorrecciones, de su olvido por el pasado, de sus excesos. Excesos de publicidad, llenando bloques de veintitantos minutos con anuncios monolécticos que ya no interesan a nadie. Abusos de la telebasura, de la “fast food” televisiva, diarreas mediáticas guiadas por presentadores-divas fáciles de odiar. Olvido de dos de sus labores, la de informar y la de formar, pues la información que venden ya está pagada por oscuros intereses ajenos al común y la formación hace tiempo que se ha extinguidos de los canales de máxima audiencia.

Donde antes había un “1, 2, 3” que reunía a las familias ahora hay un “Sálvame” que las separa. Donde antes había un Félix Rodríguez de la Fuente enseñando a los niños los principales valores humanos ahora hay un Jordi Hurtado haciendo gala de todo lo opuesto. Heidi ha sido aniquilada por Pokemon, y series animadas como Ruy el pequeño Cid, Quijote y Sancho o Érase una vez el hombre se han perdido dejando la educación infantil a las Supernenas. De mal en peor.

La televisión pierde fuelle por lo mismo que pierde ventas la industria discográfica: por no hablar el idioma del público. Nadie quiere planificar su vida alrededor de una parrilla de televisión, quieren imponer su propio palimpsesto adaptado a sus horarios. Si quieren ver House se lo bajan, lo ven cuando les da la gana, lo pausan si es necesario y en el momento en que lo sea, y además no tienen que esperar meses o años a que una cadena de turno decida incluirlo en su programación de madrugada y cancelarla a las tres semanas.

Los megadirectivos de las cadenas de televisión se han preocupado tanto de luchar unos contra otros por los ansiados puntos de audiencia, que se han olvidado del consumidor de su producto, el espectador de sus programas. Y este espectador, harto de que le ignoren, se busca la vida.

Telebasura viendo mierd...Pronostico por tanto dos posibles futuros: el primero vería una muerte lenta del medio televisivo, anclado en el pasado y en el egocentrismo, agarrado a un público fiel pero cada vez menor y de más edad, y por tanto finito y con fecha de caducidad. El segundo, que anticipo pienso es el mas probable, contempla una televisión que se fusiona con el otro medio audiovisual por excelencia, Internet, y adapta sus contenidos y producciones al ritmo de su verdadero dueño, la audiencia, que por fin podría tener la programación que desea y tanto tiempo lleva mereciéndose.

Sólo de esta forma podría el medio convencional por excelencia hacer frente a los poderosos medios no convencionales, que menos saturados y más flexibles,  empáticos y directos, vienen pisando fuerte y amenazan con aplastarle. Al fin y al cabo, es la televisión quien sigue teniendo la llave para producir los mejores contenidos (HBO siempre será HBO, claro que también es posible que Telecinco siempre sea Telecinco…), los más demandados y los más idolatrados (el fútbol, las series y el cine, aunque este dependa de otro medio en primera instancia). Sólo tiene que aprender, de una vez por todas, a ofrecerlos en una caja acorde con la calidad de su contenido.

Veremos.

¡Que se termine Lost!

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El reparto de Lost

No me crucifiquéis, Lostadictos. Me gusta la serie. La he seguido desde el principio, desde que Hugo le saca la lengua a Walt, desde que Locke cazaba jabalís, desde que Sawyer era imbécil y Kate misteriosa, y Desmond no existía.

Me han intrigado mil misterios y más de los que no me acuerdo ya, y así llevo seis años. La dejé en el capítulo 14 de la primera temporada y volví a retomarla dos años después. Le di una segunda oportunidad y he adoctrinado a familiares y amigos que ahora son seguidores de las aventuras en la isla. Y no me arrepiento de nada de esto…

…pero por Dios, que se acabe.

Nos lo hemos pasado bien viéndola, ¿verdad? Han habido temporadas que no han servido de nada, ¿verdad? Hemos conocido personajes que no olvidaremos nunca y otros de los que casi no recordamos el nombre ¿verdad? Pero bueno, es nuestro Lost y se lo perdonamos.

Ahora toca que se acabe. Porque ya está bien de put*ar a toda esa gente, que bastante tuvo con esnafrarse en un avión. Porque algunas tramas ya huelen a rancio, y porque el cuerpo nos pide un final que cierre el círculo de una santa vez.

Como dice Tank, por este blog presente, llevamos demasiada paja a cuestas ya con esta serie. Tengo la sensación de que cada capítulo que se añade resta calidad a la obra, de que se ha improvisado demasiado, de que una producción que pudo ser maestra se va a quedar sólo en “muy buena” por el devenir de los caprichos de los guionistas.

Por tanto que se acabe de una vez, que aplaudamos todos juntos tras los créditos finales y a otra cosa, que ya apetece tener espacio en la serieteca para cosas nuevas.

Y los que no queréis que termine, no lloréis. Al fin y al cabo, siempre nos quedará Dexter 😉